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Introducción al Evangelio de Juan


ESCRITOR

El escritor del cuarto Evangelio es conocido como “el discípulo a quien amaba Jesús…quien estas cosas” (Juan 21:20, 24). El es identificado como el discípulo amado y se refiere a sí mismo anónimamente muchas veces (13:23; 18:15, 16; 19:26, 27). De todos los discípulos, parece ser que Juan no sólo era el que estaba más cerca del corazón de Jesús, sino que posiblemente tenía la amistad más íntima con el Hijo de Dios. Al estudiar los hechos y situaciones de nuestro Señor y sus discípulos, nos damos cuenta que entre ellos, Jesús tenía un “círculo interno”; compañeros que experimentaron cosas más íntimas y experiencias inusuales, como por ejemplo: la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración y el Getsemaní. Estos apóstoles del “círculo interno” fueron Pedro, Santiago y Juan.

El nombre “Juan” significa “el regalo de Jehová”. Hay cuatro personas diferentes que comparten este nombre en el Nuevo Testamento. Debemos tener cuidado de diferenciarlos. Ellos son:

A. Juan el Bautista (Mateo 3:4; 11:11)
B. Juan el Apóstol (Marcos 1:19-20; Mateo 10:29)
C. Juan Marcos (Hechos 12: 12, 25; 15:37)
D. Juan del Tribunal Judío (Hechos 4:6)

El escritor del cuarto Evangelio fue un pescador (Marcos 1:19-20; Mateo 4:21). El se convirtió en discípulo de Juan el Bautista y luego siguió a Jesús (Juan 1:37-40); contestó su llamado al servicio y fue elegido como uno de sus doce apóstoles, Mateo 10:2.

Juan escribió el Evangelio que lleva su nombre, por inspiración divina; también escribió tres epístolas y el libro de Apocalipsis. El nombre de su padre era Zebedeo (Mateo 10:2; Marcos 1:19-20) y el nombre de su madre Salomé (compara Mateo 27:56 con Marcos 15:40-41 y 16:1).

Juan fue el último de los apóstoles en morir, y sabemos que vivió hasta el año 98 D.C. Estuvo prisionero en la Isla de Patmos (Apocalipsis 1:9). Juan era llamado “hijo del trueno” (Marcos 3:17); este nombre nos da entender cómo era su temperamento y su naturaleza, pero por su íntima asociación con el Señor Jesús, su vida fue transformada, y llegó a ser un hombre lleno de entusiasmo y del amor de Cristo.

¿CUÁNDO FUE ESCRITO?

El carácter y madurez del Evangelio de Juan - que va más allá de la que poseen los Evangelios sinópticos- evidencia que hubo un lapso de tiempo entre la historia cristiana y los escritos de los Evangelios sinópticos, y el evangelio de Juan. Parece ser que los Evangelios sinópticos y la mayoría de los libros del Nuevo Testamento ya habían sido escritos. Los doce discípulos originales estaban ya muertos, y el Evangelio de Juan enfatiza la verdad a la segunda generación de cristianos. De acuerdo con fuentes confiables, Juan pasó sus últimos años en Éfeso; no hay duda de que este Evangelio fue escrito allí. Esto daría una fecha aproximada al
año 90 D.C.

EL PROPÓSITO Y MENSAJE DEL LIBRO

El propósito del Evangelio de Juan es asentar la divinidad de Jesucristo. Esto se establece claramente en el capítulo 20:31. “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”

En este Evangelio se declara que Jesús es “el Hijo de Dios.” Se presentan hechos y testigos para establecer la Deidad del señor Jesucristo.

A. Testimonio del propio Cristo (de su Deidad): 3:13, 17-18; 4:25-26; 5:17-30; 6:35-38; 7:28-29, 37-39; 8:42-58; 9:35-38; 10:15-18, 29, 33; 14:6-13,20; 17:5 y otros.

B. Testimonio de Sus señales: (1) convirtió el agua en vino, 2:1-11, (2) sanó al hijo de un noble, 4:46-54, (3) sanidad de paralítico, 5:1-18, (4) alimentación de los cinco mil, 6:6-13, (5) caminó sobre el mar, 6;16-21, (6) abrió ojos ciegos, 9:1-7, (7) resucitó a Lázaro, 11:1-45.

C. El testimonio de los siete “Yo soy”: (1) Yo soy el pan de vida, 6:35, (2) Yo soy la luz del mundo, 8:12; 9:5, (3) Yo soy la puerta, 10: 7-9, (4) Yo soy el buen pastor, 10:11, (5) Yo soy la resurrección y la vida, 11:25, (6) Yo soy el camino, la verdad y la vida, 14:6, (7) Yo soy el vino, 15:1.

D. El testimonio de siete hombres: (1) Juan el bautista, 1:36, (2) Natanael, 1:49, (3) Pedro, 6:69, (4) El mismo Cristo, 10:36, (5) Marta, 11:27, (6) Tomás, 20:28, (7) Juan, 20:31.

E. El testimonio de su conocimiento: Pedro declaró (21:17) “Tú lo sabes todo.” El no necesitaba información de ningún hombre (1:42,47; 3:10; 4;17-19; 5:6; 6:26; 13:11-17).

F. El testimonio del Padre: 5:37; 6:27; 12:28-30.

PALABRAS CLAVES

La palabra clave, usada con mayor frecuencia en el Evangelio de Juan es “creer.” Aparece unas 98 veces. Jesús les hizo ver a los hombres, que sólo Él podía restaurar la amistad entre el ser humano y Dios Padre. Esperaba de ellos una respuesta, al hacerles ver que solo “creyendo” en Él podrían obtener la vida. Por eso, es fácil entender por qué usó tantas palabras que son sinónimas, tales como: “recibir” (1:12), “beber” (4:14), “venir” (6:35), “comer” (6:51), y “entrar” (10:9). Otras palabras importantes que "hacen eco” en el libro son: “fe”, “luz”, “vida” y “amor.” Estas palabras indican el énfasis que tiene el libro de Juan.

CARACTERÍSTICAS

El evangelio de Juan no nos brinda un registro genealógico, tal y como lo hacen Mateo y Lucas, pero sí la declaración asombrosa de que Cristo ya vivía antes de nacer en la Tierra, y que existía “desde el principio” con Dios (1:1-2). Cuando Cristo – la palabra eterna- vino a este mundo, Su encarnación lo reveló como Dios encarnado. (1:14). El era co-igual y co-existente con el Padre. Este evangelio es más profundo que los otros tres, y cada uno de sus discípulos presenta la deidad de Jesucristo.

Omisiones: En Juan no hay ningún registro de la infancia de Jesús, ni de Su tentación, Su transfiguración, o el nombramiento de Sus discípulos; no hay parábolas, y no se habla de la Ascensión ni de la Gran Comisión.
Los títulos dados a Cristo en el Evangelio de Juan no son significativos: “Palabra de Dios” (1:1, 14), el “Unigénito del Padre” (1:14), “Cordero de Dios” (1:29, 36), el “Mesías” (1:41), el “Rey de Israel” (1:49), el “Salvador del Mundo” (4:42), el “Hijo de Dios” (10.36).

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Introducción al Evangelio de Lucas


ESCRITOR

El escritor del tercer Evangelio también escribió el libro de Hechos, y dirigió su mensaje a la misma persona: Teófilo o “amigo de Dios”, de quien nosotros conocemos poco o nada. (Compara Lucas 1.3 con hechos 1:1). En Colosenses 4:14 Lucas es llamado “el médico amado” y en Filemón un “colaborador” del Apóstol Pablo. En II de Timoteo encontramos que cuando el Apóstol Pablo estaba prisionero en Roma y fue abandonado por los demás, Lucas permaneció con él y le siguió fielmente (II Timoteo 4:11). Podemos ver también en Hechos 16:10 que Lucas junto con Pablo a Troas en su segundo viaje misionero. El cambio en la narración, de “ellos” a “nosotros” revela que el escritor estaba en compañía de Pablo. En Colosenses 4:11 Pablo menciona a “unos de la circuncisión.” Aquí encontramos los nombres de tres gentiles, y en el versículo 14, aparece el nombre de Lucas incluido con ellos.

Lucas es el único escritor en la Biblia que era gentil y escribe con la finalidad de hacer un llamado a los griegos. Ya que él era gentil, dirigió su Evangelio a los gentiles y fue usado como un instrumento para escribir el libro de los Hechos (volviéndose a los gentiles con el Evangelio, después de que los Judíos rechazaron a Jesús como su Mesías). Mira el prefacio de su Evangelio (Lucas 1:1-4): Lucas sabía que otros habían escrito ya acerca de Jesús, pero él, sintiéndose guiado a hacerlo también, y después de haber realizado una investigación cuidadosa, quiso dejar asentado el orden y la narración de los Hechos del Evangelio, usando el material y los reportes de los testigos visuales que poseía.

¿CUÁNDO SE ESCRIBIÓ?

Cuando Lucas era compañero de Pablo. Posiblemente realizó sus escritos durante el tiempo en que Pablo estaba en prisión. Una fecha aproximada es el año 63 D.C., esta es la fecha más aceptada.

¿PARA QUIÉNES FUE ESCRITO?

Lucas presenta a Jesús como “El Hijo del Hombre”, ya que los griegos andaban en busca del “hombre ideal.” Por mucho tiempo los griegos mantuvieron la esperanza de encontrar al hombre prefecto entre los seres humanos. Lucas presenta a Jesús en su verdadera humanidad, como “El Hijo del Hombre”, como el único hombre perfecto. Los griegos creaban sus dioses a semejanza de los hombres; para ellos el hombre era mayor que todas las cosas físicas, mayor que los imperios, incluso mayor que el mundo mismo. A través de su cultura buscaron la realización del hombre, como su máxima meta. Lucas presenta a Jesús como el hombre perfecto, como el “Hijo del Hombre” que viene a salvar a los hombres imperfectos – cuyas vidas están marcadas por el pecado- para que alcáncenla máxima realización posible en la vida. Lucas 9:10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Las personas más importantes en la historia, en los días de Jesús, fueron: 1) los romanos, quienes tenían a cargo el poder gubernamental, 2) los judíos, por su educación religiosa y 3) los griegos, por su idealismo cultural, literatura y artes: Marcos escribió para los romanos, Mateo para los judíos y Lucas para los griegos.

PALABRA CLAVE

El término “Hijo del Hombre” es una frase muy importante y familiar en el Evangelio de Lucas. Es la que nos da la clave del libro. Lucas 19:10 podría ser el versículo clave: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

CARACTERÍSTICAS DISTINTIVAS

El escrito de Lucas es más clásico que los otros, y el mayor valor literario de los Evangelios. Esto llamaba la atención de los griegos, que tenían una gran cultura y amor por la retórica y la filosofía. Este Evangelio ha sido descrito como “la más bella historia jamás escrita.” La inspiración no destruye la individualidad. Las características diferentes que encontramos en la presentación del mensaje de cada Evangelio, revelan el propósito de cada uno de ellos.

En el evangelio de Lucas vemos el retrato de Jesús en su verdadera humanidad, como “El Hijo del Hombre.” Lucas acentúa la humanidad de Jesús trazando su genealogía desde Adán. Aquí encontramos al bebé y al jovencito de doce años en el templo, que va creciendo en sabiduría y en estatura. Lucas dice más acerca de las oraciones de Jesús que los demás. Capítulo 3:21; 6:12-13; 9:18-29; 22:32, aquí se habla de la oración como una expresión humana de dependencia hacia Dios. La hombría perfecta de Jesús es también expuesta. Al presentar a Jesús como el Salvador de la humanidad se enfatiza que Jesús es: la “Luz que alumbra a los gentiles” (Lucas 2:32); “toda carne verá la salvación de Dios” (3:6), y el arrepentimiento y la remisión de los pecados serán predicados “a todas las naciones” (Lucas 1:77; 3:3; 24:47).

Solo Lucas escribe las parábolas de Los dos Deudores, El buen Samaritano, La Oveja Perdida, La Moneda Perdida y el Hijo Pródigo, el Hombre Rico y Lázaro, el Fariseo y el publicano, y cinco parábolas más. Lucas registra el Milagro de los Diez Leprosos, La Pesca Milagrosa, y cuatro milagros más. La manera peculiar en que Lucas escribe entre los capítulos 9:51 al 18:14, es conocida como “El camino de Jesús hacia Jerusalén” cap. 9:51. Fíjate como empieza el 9:51. Aquí encontramos un tesoro de refranes invaluables, parábolas y eventos no registrados por los otros tres escritores del Evangelio.

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Introducción al Evangelio de Mateo


EL ESCRITOR

Mateo, el escritor del primer libro del Nuevo Testamento, llamado también leví, fue un cobrador de impuestos conocido como publicano (Mateo 9:9; Marcos 2: 14-15; Lucas 5: 27-29). Antes de conocer a Jesús, Mateo estuvo involucrado con la clase de peor reputación imaginable y era despreciado por su propia gente, los Judíos (Mateo 18: 17; 21: 31-32; Lucas 18: 11). Tácito, el historiador romano, habla de un monumento con esta inscripción “Para un buen publicano”. ¡Era en verdad un fenómeno muy extraño que un publicano fuera digno como para que levantara un momento en su memoria! Jesús levantó un mejor monumento que una columna de piedra. Él levantó un monumento de significado eterno – el primero de los cuatro Evangelios, El Evangelio según Mateo.

CUÁNDO FUE ESCRITO?

No se puede establecer una fecha exacta de la escritura de este libro, pero la mayoría de los estudiantes de la Biblia creen que éste le siguió a Marcos. Pudo tomar lugar antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 después de Cristo, o sea entre los años 58 y 70.

¿PARA QUIENES SE ESCRIBIÓ?

Mateo fue un judío convertido que escribió para los judíos, presentando a Jesús de tal manera que convenciera a os judíos de que Él era el Mesías que ellos esperaban. Mateo 1: 1 nos da la clave, mostrando la relación que tenía Jesucristo con Abraham y la relación real que tenía con David. Esto revelaba que era Jesús (Siendo de la casa de David a través de José y María) que tenía los derechos del trono, (del trono de David), y no Herodes. Presenta a Cristo como Rey, describiendo su genealogía real en los primeros diecisiete versículos del libro. Más de sesenta veces encontramos el término “cumplido”, indicando así que las profecías judías habían sido cumplidas por Jesucristo. Sólo los judíos podían apreciar completamente el significado de tales referencias, y aunque algunos estudiantes piensan que Mateo no escribió este libro en orden cronológico, tiene un vínculo íntimo con las Escrituras del Antiguo Testamento.

PALABRA CLAVE

La palabra clave “Reino” se menciona unas 50 veces, y el “Reino de los cielos” 32 veces; mostrando a Jesús como el Mesías y Rey que cumplía las profecías judías. Este es el énfasis dado por Mateo.

CARACTERÍSTICAS

Una de las características sobresalientes de Mateo, es el hecho de que una cuarta parte de su libro es expresada con las palabras de Jesús. Solo setenta palabras usadas por Mateo no se encuentran en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento. Los números 7, 10 y 12, con sus múltiplos, aparecen repetidamente. Catorce secciones enteras se encuentran sólo en este libro, incluyendo cuatro eventos en la infancia de Jesús, dos milagros y diez parábolas. Hay cinco discursos excepcionales en este libro de Mateo. Algunos estudiantes de la Biblia encuentran 5 divisiones en el libro: (1) El sermón del Monte 5:1 al 7:29; (2) La Misión de los Doce 10:1-42; (3) Las Parábolas del Reino 13:1-53; (4) Humillación y Perdón 18.1-35; y (5) Los Discursos del Monte de los Olivos 24:1 al 25:46.

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